sábado, 26 de diciembre de 2009

Servir al dinero hace de Leonel un monarca pordiosero; hay que motivarlo con La Biblia a que cambie de amo

NEW YORK. Estoy convencido de que Leonel Fernández es, ni más ni menos, el país que todavía identifican como República Dominicana en los foros internacionales.
Desde aquí lo veo con claridad, gracias al mágico dibujo que del presidente-país hacen las notas y los reportajes enaltecedores de sus virtudes, las informaciones sobre sus recaudaciones fabulosas de dinero, los repartos que hace, enmarcado todo por comentarios y editoriales impetrantes al mandatario que a diario aparecen en los medios de comunicación.
Y hay algo que resalta, lo cual parece contagioso, cuando los medios se ven forzados a hacerle una pequeña crítica la hacen de forma que quede claro que es buscando que no se quiebre jamás el cristal de su prestigio.
Leonel no es la nación porque esa categoría sólo la tuvo el país durante escasos siete meses en 1963, cuando hubo imperio de la ley allá. Nación o no, el asunto es que Leonel es alfa y omega en República Dominicana. Y de su influencia no escapamos ni quienes estamos en la diáspora.
Así las cosas, para que todos los dominicanos podamos vivir tranquilamente en el país, y fuera, es hora de que empecemos a pedirle a Dios para que nos dé luces y fortaleza para actuar, para luchar en procura de que Leonel cambie de amo, pues sabemos que, como bien lo dijo Jesús, ningún esclavo puede ser fiel a dos amos, “nadie puede servirle a la vez a Dios y al dinero” (Lucas 16:13). Y está clarísimo que el amo de Leonel (por consiguiente de la República Dominicana) es el dinero.
No lo digo yo, son sus actuaciones las que lo dicen. Él no tiene ningún empacho para pedir en el extranjero -las crónicas dan cuenta de eso- o pedir a los demás ricos del país dinero o prebendas para satisfacer inquietudes personales a través de su fundación, no sé si es por ayudar o por vanidad. También le da licencia a su esposa, doña Margarita, para que haga peticiones por su cuenta.
Así tenemos que en el transcurso de un par de semanas la pareja presidencial dominicana recaudó, de acuerdo a reportes periodísticos, RD$83 millones de pesos, repartidos así: al pasar por New York, de regreso al país desde Europa, Leonel recibió US$500 mil dólares (18 millones de pesos) de personas que fueron invitadas para un encuentro social con el Presidente de la República Dominicana, quien en un par de horas recibió la referida suma para su entidad privada. A la siguiente semana el torneo de golf de la Fundación Global le reportó RD$15 millones de entrada a la institución, y dos o tres días después se publicó que en una cena de gala organizada por doña Margarita ésta recaudó RD$50 millones.
Que ellos vayan a repartir ese dinero más para alante no tengo porqué dudarlo, pues qué va a hacer con tanto dinero una pareja en un país tan pequeño como el nuestro. Ahora bien, por más que repartan, no se justifica que anden pidiendo allá y por donde pasan. Leonel haría muchísimo más por él, por los suyos y por el pueblo si se enfoca en servir a Dios y en administrar con celos los recursos del país rico que tiene en sus manos.
Él sabe que es así, pues desde antes de ser gobernante hablaba con certeza y cifras precisas (RD$30 mil millones) que se llevaban los corruptos cada año de las arcas estatales. Su conocimiento del asunto ahora es mucho mayor, pero ha caído en la esclavitud del dinero, es esclavo a tal punto que, aún siendo un monarca nacional, que lo domina y lo tiene todo a plenitud, no se cuida de caer al nivel de pordiosero internacional, algo que no necesita en absoluto.
Tampoco tiene que poner a pordiosear al país completo, y menos a los viejos y desvalidos. Produce dolor y vergüenza que ancianos que arrastran su vida con dificultad tengan que restar a las pocas energías que les quedan, para quemarlas al sol, esperando durante horas por una caja-cena.
Ruego y lo invito a Usted a que también ruegue a Dios para que haga reflexionar a Leonel. Sugiero que le mostremos La Biblia para que se libere de la esclavitud de las riquezas y se decida por servir a Dios. Mostrémosle La Biblia para que caiga en cuenta de que el pordioserismo no es ayuda sino ignominia.
Leonel tiene todas las condiciones para reivindicarse ante el Padre, y el pueblo. Ojalá quiera hacerlo, porque ningún otro -es algo que podemos analizar luego- ha tenido más poder que él en la silla presidencial dominicana.
Si reuniera voluntad, no tengo duda de que con su poder absoluto Leonel podría empezar la construcción de una nación digna, algo que intentó Juan Bosch y no logró porque eran otros los tiempos. En 1963, Norteamérica entendía que sólo la ignominia podía salvaguardar sus intereses en la región.
Leonel hoy tiene todos los caminos despejados. Hay dos historias ganadoras del respeto imperecedero -la primera entre los cristianos y la segunda entre los dominicanos- que Leonel puede tomar como referentes para iniciar su reivindicación, me refiero a las protagonizadas por Pablo y Caamaño.
Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Sólo allá es posible: el juez Pichardo no habla y el senador Guerrero se apuñalea listado de narcos


NEW YORK. ¡Qué problema tenemos los dominicanos de la diáspora que nos hemos acostumbrado a estar pendientes de nuestro país y comparando el funcionamiento legal de las sociedades donde estamos residiendo con el manejo displicente de las normas que se hace allá!
Mi caso es patético. Mientras más me aconsejaba refugiarme en la apatía, más me apegué a la extenuante, apabullante, desmoralizante, abrumante, desconcertante costumbre que siempre termina sumiéndome en la tristeza y la impotencia, pues tengo que aceptar que no es posible hacer de la manteca mantequilla, aunque suenen parecido.
Ante la imposibilidad de dejar de pensar en esas cosas, “lo mejor que puedo hacer es escribirlas”, me dije hace poco. Empecé a hacerlo y ha sido lo mejor, pues así me libero de los pensamientos, me relajo un poco, y tal vez ayudo a que Usted, si le pasa lo mismo que a mí, también bote un chin el golpe.
Esa es mi esperanza, consciente de que soy -como la mayoría de mis compatriotas de la diáspora- un ser escindido: con presencia aquí y pensamiento allá. ¡Cuánta razón tenía la muchachita del “yo me fui, pero yo no me fui”, con rostro ingenuo, en el comercial de TV.
Es terrible, a veces pienso que la perniciosa costumbre es similar a estar dominado por un vicio, en mi caso realmente puedo afirmar que es peor, pues con esto sólo sufro. Recuerdo que en mis tiempos de fumador cada fumada era un placer, ¡qué cigarrillo era el Premier!; y en los tiempos en que empinaba el codo cotidianamente mis prendis, en gran mayoría, fueron alegres, bailados, sabrosos, gozados. Claro que me di muchos jumazos vergonzosos que quería olvidar, pero éstos, así son las cosas, son ahora los más importantes y significativos porque me hicieron reflexionar y empezar a alejarme del abismo, para terminar prometiéndole al Padre que no me daría un jumo más en mi vida. ¡Gracias a Dios!, estoy cumpliendo la promesa.
¡Sopla! Usted ve, me aparté del tema, pero me hizo bien la digresión. Es relajante reírse de los vicios dominados al mirar hacia atrás.
Pero, dígame Usted, cómo me relajo cuando leo que el juez Luciano Pichardo, quien dice que no es el momento oportuno para aclarar -en su caso con todas las de ley- que dos hijos suyos no están bajo investigación por actividades de narcotráficos, mientras permanece con la mayor tranquilidad como juez vicepresidente de la suprema corte de justicia (scj, así con minúscula, las mayúsculas le caen mejor a la Corte de Trespatines, que todavía hace reir). Cómo me relajo al leer que el senador Wilton Guerrero se apuñaleada a la franca la lista donde figuran civiles y militares de alto rango que son miembros de la red del narcotraficante José Figueroa Agosto.
Aquí -un país donde por cuernear a su mujer vimos hace poco que el gobernador de New York tuvo que renunciar de su cargo, que no es poca cosa -sólo hay que pensar que el sueño del Presidente Fernández es convertir el país en un New York Chiquito-, donde candidatos presidenciales abandonaron la competencia al momento que lo identificaron como cuerneros y donde, por el mismo asunto, Bill Clinton estuvo a un tris de ser cancelado como Presidente- en este country Luciano Pichardo hace rato que fuera historia, pues él se hubiese ido con dignidad o lo ayudaban a irse para su casa cuando uno de sus hijos se vio envuelto en el contrabando de más de medio millón de dólares, descubiertos por las autoridades dominicanas al llegar desde Puerto Rico en una avioneta cuya propiedad es atribuida al hijo del juez de marras.
Allá Luciano todavía está en la scj y el presidente de la misma, Jorge Subero, lo respalda con el silencio que considera oportuno, porque, una de dos: el asunto se diluye por sí solo en el interés de la gente o le encuentran una vuelta para diluirlo.
Aquí, en este country, hace rato que el congreso hubiese llamado a declararlo todo a cualquiera de sus miembros que diga a la prensa que tiene en sus manos una lista con civiles y jerarcas militares asociados a una red de narcotráfico. Es más, pienso que un congresista de aquí hubiese entregado la lista al Congreso antes de hablar con la prensa. Allá Wilton se da el lujo de esgrimir su puñal, de blandir el listado, sin abrirlo y sin que nadie ose forzarlo para que lo haga. Y con desaliento uno se pregunta: ¿No hay deseo allá de atrapar a los civiles notables y los jerarcas militares metidos en el narcotráfico que conoce Wilton? ¿Se conformarán allá con seguir recolectando paquetes de drogas por todo el país, en lugar de atrapar a los importadores?
Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones.

jueves, 17 de diciembre de 2009

¡Qué pena, al cuadrado! Miguel Martínez sería en RD candidato en mayo de 2010, no un condenado


NEW YORK. Quienes residimos por estos predios newyorkinos y sus cruces vivimos exclamando, con dientes juntos: “¡Ayyy, si fuera aquí!”, cada vez que leemos, escuchamos o comentamos las cotidianas informaciones que publican los medios de comunicación sobre la corrupción a todos los niveles en la República Dominicana, una práctica que se ha convertido en garantía de éxito y ascenso en el ejercicio político y manejo del Estado.
Pero ante la lamentable al cubo caída por mal manejo de fondos públicos de Miguel Martínez, ex concejal dominicano, representante del Distrito 10 de esta ciudad, quien acaba de ser condenado a cinco años por el juez Paul Austin Crooty lo que sale es un penoso al cuadrado “¡oooh, si hubiese sido allá!”.
Déjeme explicarle que lo lamentable al cubo es por el daño al nombre y los intereses de la comunidad dominicana, pues Martínez -ya poco importa que fuera por equivocación, como trató de demostrar su defensa- echó a perder su carrera política, que muchos vislumbraron como que sería brillante; además, construyó un alto muro de suspicacias que deberán saltar las generaciones venideras de los políticos dominicanos que aspiren en el futuro a captar en sus distritos los votos de personas de nacionalidades distintas a las nuestras y se constituyó también en otro elemento a ser usado por el poder anglosajón para desprestigiar a los políticos latinos en general.
Y lo penoso al cuadrado es porque ver caer a uno de los nuestros aquí, donde es tan difícil para la comunidad ver escalar a uno de sus hijos, parte el alma. También parte el alma que uno tenga todo el asidero del mundo para pensar que allá, en mi New York Chiquito, en mi querido batey, el Miguel Martínez que por mal manejo de $106,000.00 fue condenado aquí a cárcel y probatoria por un lustro, allá fuera candidato al congreso o a una sindicatura en mayo de 2010 para lucrarse de los fondos públicos durante media docena de años, por lo menos.
Aquí el juez le reconoció a Martínez el hecho de haberse dedicado a estudiar desde que llegó a los Estados Unidos y por los servicios que prestó a su comunidad, pero le hizo saber que tenía que condenarlo por lo que consideró como falta de honestidad en el servicio público. Note que se está hablando aquí de 106 mil dólares, suma que allá el Tulio Turpén de cada ministerio o de otros poderes del Estado se puede dar el lujo de dársela a su Yuleidys de turno para que juegue una mano de bingo.
Es doloroso decirlo, pero así son las cosas allá, donde no hace mucho el Presidente Leonel Fernández reconoció que las nominillas de su gobierno eran ilegales. Dijo que en otro país esa práctica tumbaría un gobierno, pero graciosamente le aclaró al auditorio que le escuchaba, formado por directores de medios, que si quitaba las nominillas su gobierno se caía.
De manera que aplicar la deslumbrante tesis es garantía de permanencia en cualquier cargo, dado que la misma ha sido probada y demostrada como sólido sostén por el presidente Fernández, quien atrajo y colocó en puestos de poder, y sigue captando, a gente que él pudo meter a la cárcel, entregando a la justicia los voluminosos expedientes, basados en el mal manejo de fondos públicos, que tiene en sus manos.
Fernández entiende que no hay que apresar sino sumar y ello lo ha convertido en el político más exitoso que ha tenido el país en los últimos 14 años, desde que Joaquín Balaguer lo llamó al Palacio Nacional para decirle que lo iba a designar como su sucesor en 1996 en la administración de la Res-pública.
Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Alegría y pena por Martha


NEW YORK. Aquí, pensando fríamente -por el rigor de la temperatura y por encontrarme lejos del calor de la algarabía- saco conclusiones sobre el triunfo de Martha Heredia, la Latin American Idol de 2009, que me alegran y me apenan.
Me alegra el triunfo de la talentosa joven, quien saltó del anonimato en la República Dominicana a la fama internacional en pocas semanas. Me apena que ya para devorarla tras su cabeza están los depredadores políticos del país.
Me alegra que todavía -en una sociedad envilecida por la perversidad política- aparezcan jóvenes con ímpetu, con valor, con agallas y carisma para pararse en un escenario internacional a mostrar con firmeza lo que tienen, lo que el Padre les dio, en este caso una buena voz. Me apena que a la mayoría de la juventud la tengan atada y arrodillada, sólo esperando por la dádiva.
Me alegra que los jóvenes del país se unieran, indicaran el camino a seguir e invirtieran dinero y tiempo para comprarse su alegría dando su respaldo económico obligatorio para la victoria de Martha en Argentina. Me apena que no se han unido para tomar la iniciativa en el campo político, rechazando que le compren con ron y cerveza el voto en cada campaña electoral.
Me alegra la posibilidad de que no sea vana la inversión de millones de pesos en llamadas telefónicas, siempre que el logro se traduzca en aprendizaje de que cuando la juventud quiere puede. Me apena la posibilidad de que no extrapolen su éxito al campo político.
Le pido a Dios que el triunfo que le otorgaron a Martha con su apoyo ponga a muchos jóvenes a pensar en que si quieren un buen país para disfrutarlo mañana tienen que unirse hoy e invertir sus recursos (conciencia, talento y tiempo) para lograrlo. Ruego porque muchos se den cuenta de que ellos tienen la fuerza y son los llamados a cuidar y arar su terreno, sobre el cual campea ahora una voraz fauna política que lo depreda sin misericordia.
Con los mismos entusiasmo y determinación que su conciencia les dictó comprar -30 pesos a 30 pesos, hasta sumar millones- la victoria de Martha que hoy se disfruta, los jóvenes pueden -sin pagar en pesos, sólo evitando vender la conciencia- adquirir, ¡y disfrutar más!, un sistema político y de gobierno que les garantice educación y salud.
Quiera Dios que no pierdan su propia lección nuestros jóvenes. Que no olviden que esta vez pusieron detrás de ellos a los tunantes Leonel y Miguel, quienes a última hora se unieron al éxito buscando, más que ayudar, capital político, el primero con un llamado tardío y que resultó sobrante, y el segundo repartiendo unas cuantas tarjetas prepagadas.
Que observen bien los jóvenes lo que han hecho: cuando Martha salió del país lo hizo sólo con su maleta cargada de incertidumbres, era una pobre anónima más que no merecía ser despedida en Palacio como se hace con los millonarios del béisbol cada año cuando van a la Serie del Caribe. Pero ustedes, jóvenes, la ayudaron para que a su regreso haya pugilato entre los lobos políticos jadeantes por engullirse esa carne fresca. Si ustedes se unen, lo menos que harán es controlar a la jauría.
Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Diálogo en París.


NEW YORK. En el Palacio del Elíseo, Leonel Fernández avanzó con firmeza hacia Nicolás Sarkozy, con una sonrisa y con su Doctor Merengue diciendo: “a este francesito lo mueleo yo; le voy a vender el tren Santo Domingo-Santiago”. Devolviendo la sonrisa, y a pocos pasos del choque de manos protocolar, Sarkozy escucha a su propio Doctor Merengue decir: “el mulato éste viene a pedirme algo. No va a venir de tan lejos si no es para buscar algo; voy a ver con lo que me sale ahorita”.
Después del flasheo y las características muecas sonrientes para estos casos, al quedarse fuera de la vista de la prensa soltaron las poses y empezaron a hablar distendidamente, de acuerdo a lo revelado por MI, una fuente de entero crédito que tradujo al buen dominicano lo que hablaron ambos mandatarios.
--Es un placer recibirte por aquí, Leo… ¿Cómo dejaste la cosa allá?
--Gracias, Nico. Eso allá está bien, y caminando. Playa y sol todo el tiempo… a propósito, ¿cuándo vas a dar una vuelta por allá?
--La verdad es que nada me gustaría más que pasar unos días allá con mi mujer, darme un par de chapuzones en el mar y coger un poco de sol, pero para mí no es tan fácil salir. Tú eres un privilegiado, porque puedes salir a cada momento, y por largos períodos.
--Excúsame, Nico, lo que pasa es que yo me encargo personalmente de salir a buscar negocios para mi país. Tú sabes que en RD está casi todo por hacer, así que la gente sabe que salgo a buscármelas a nivel internacional. Algunos hablan pendejadas de los viajes, pero yo lo tengo todo bien amarrado allá.
--Esa es una gran suerte, Leo. Tú puedes justificar los viajes con asuntos de negocios, pero yo…
--No no, no. Excúsame de nuevo. Te tengo la cuartada perfecta. Mira, yo empecé a hacer un tren de la capital a Santiago, pero no tengo los cuartos ahora mismo. Tu estás para’o, así que te propongo que invierta unos chelitos y yo te daré a ti y a los franceses la concesión para que exploten la ruta de por vida. Déjame decirte, allá los negocios que más dejan son los del transporte. Ojalá estuvieran aquí, para que te digan, Hubieres, Figuereo, Antonio y Cambita, entre otros que hacen millones transportando pasajeros, aunque lo que tienen son chatarras. No te imaginas lo que producirá ese tren.
--Leo, espérate. Que tú sabes ya por experiencia que los trenes son muy caros y dejan pérdidas, hay que subsidiarlos. La gente mía sabe eso. Pero, podemos hacer un cambalache que pienso que mi gente aquí aceptaría con gusto.
--¿Cómo así?
-- Mira, yo voy a poner los billetes, y tú, a cambio, retiras tus guardias de la frontera con Haití.
--¡Nico! Pero tú me la está poniendo en China. Eso es como un cambio de cangrejitos por botones.
--No ombe no, Leo. Los haitianos de hecho están en tu territorio, y seguirán cruzando, pues no pueden hacer otra cosa.
--Sí, pero…
--Leo, tú eres un hombre práctico. Y sabes que para todo perdido es mejor algo ganado. Tú no harás nada malo, sólo acelerar un proceso indetenible. Sal de eso. Nos quita un problema a nosotros y tú te quedas con tu tren.
--Déjame ver qué puedo hacer, porque la verdad que me interesa el tren, y no falta razón en lo que dices. Voy a tirar los globos de ensayo, voy a empezar hablando de tu interés por el tren tan pronto como salga de esta reunión. La verdad que me la pusiste incómoda, pero deja ver lo que hago, la peor diligencia es la que no se hace.
--Dale pa’lante, Leo, dale pa’lante. Para nosotros es factible, por rentable, darte los cuartos a ti para que hagas el tren, en lugar de mantener de por vida a Haití.
--Excúsame, Nico, nos vamos a ver, tengo que irme. Los muchachos que andan conmigo quieren que los lleve a dar una vuelta por París. Recomiéndame un buen vino. ¿Cuál es el que tú…
Ahí mismo sonó mi teléfono, y se espantó MI (mi imaginación), dejándome sin diversión.
Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones.

lunes, 30 de noviembre de 2009

¿RD insegura o funcionarios cobardes?


NEW YORK. Es curioso, paradójico, contraproducente, un engaño y cualquier palabra que Usted quiera agregar que sintetice la fea y cotidiana costumbre que tienen las gentes que están en lo alto de decir a quienes están abajo lo contrario de lo que piensan, pintando con palabras lo que no pueden dibujar con sus hechos, algo que es equivalente a mentir.
Voy con un ejemplo: quienes en la República Dominicana pregonan con mayor contundencia y autoridad en torno a que mi New York chiquito, mi inolvidable batey, es un lugar seguro, ¡oh ironía!, son los mismos que, sin rubor, salen a diario a desmentir su propio pregón por calles, avenidas y carreteras, por las cuales se desplazan en medio del aparataje de resguardo que les acompaña 24/7. Y ni hablar de que viven en fortalezas muy bien custodiadas y equipadas con modernos sistemas de seguridad. Sus fincas y villas para el descanso ocasional también cuentan con protección de todo tipo, y lujo.
Cuando uno se topa con un funcionario -debo decir coincide, pues el resultado de un tope de cacharro a yipeta en un cruce de vías con cualquiera de ellos sería muy traumático- tiene que esperar, no importa si el verde del semáforo está en su favor, a que pasen el ministro y sus armados acompañantes, quienes siempre van como almas que se lleva... ése mismo que Usted está pensando.
En una coincidencia de esas, me pregunté: ‘¿el país es muy inseguro o los funcionarios son muy cobardes?’. Descarté esto último, de inmediato.
Y es que realmente nuestro país es inseguro, por más que se quiera tapar, porque los funcionarios son cualquier cosa menos cobardes. No pueden ser cobardes aquellos que a diario cargan para ellos con miles y miles de pesos ajenos y los exhiben arrogantes a la vista del dueño, conocido como Pueblo Dominicano.
Es claro que nos hablan mentiras con relación a que el país es seguro. Es malo que mientan, pues cualquier despistado que llegue allá creyendo en lo que se dice desde arriba se confía y lo guisan. Pero lo peor de la mentira que se pregona a voz en cuello es que mientras esto se hace, con gasto de recursos y tiempo, se deja a un lado el compromiso del gobierno para solucionar el problema. Leonel debe mandar a que se resuelva eso, parece que no se ha dado cuenta de que es una verdadera amenaza contra el tercer lugar que tenemos entre los países más alegres del mundo.
Además, a tenor con lo de la alegría, se pone muy en riesgo la posible titularidad de que allá esté viviendo el ciudadano más dichoso del mundo -puede que sea la ciudadana, no sé, no le conozco- que no sería otr@ que aquél, o aquélla, que no tenga un familiar o conocido de ahí ahí que no haya sido víctima de una ratería o un atraco en años recientes. Si Usted sabe quien es el más dichos@, dígamelo.
Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones.

domingo, 22 de noviembre de 2009

NY chiquito y Haití gigante


¿Cuál ganará la carrera, el NY chiquito o el Haití gigante?

NEW YORK. Dando una vuelta por el llamado “polígono central” de la capital, poblado de torres de todos los tamaños, y después de observar las salidas de las estaciones del metro Villa Mella-La Feria, pensé: “Leonel está logrando su anunciado propósito de convertir esto en un New York chiquito”. Automáticamente, mi cabeza empezó a moverse de arriba abajo, en señal de callada convicción, aunque sin alegría porque –después de más de tres años anclado en el Bronx- me paniquió sentir allá la atmosfera similar al Alto Manhattan o el Sur del Bronx de los años 80.
Al mismo tiempo, me impresionó la gran cantidad de haitianos, los hombres con sus vestimentas de obreros y sus mujeres con harapos de pordioseras, trabajando o buscando qué hacer por todas partes los primeros y pidiendo las segundas en calles y avenidas para completar el salario familiar. Con asombro, pensé: “pero esto es un Haití gigante”, mi cabeza volvió a hacer lo mismo, también en señal de callada convicción.
Una cosa atrae a la otra, razoné. Varilla y cemento son miel para la mano de obra haitiana, aunque hiel para la dominicana que no acepta la paga irrisoria que ávidos atrapan nuestros vecinos del oeste de la isla.
¿Cuál de los dos alcanzará la plenitud más rápido el New York chiquito o el Haití gigante? Es inevitable la pregunta y previsible la respuesta, debido a que “sin los haitianos se paralizarían todas las obras del país”. Y las obras no se van a parar, al menos las de carácter político. No me atrevo a vaticinar el ganador de la carrera; déjeme saber si Usted se atreve.
Puede que las cosas en RD no hayan cambiado tanto en los años de mi ausencia, pero algo han cambiado y, además, cuando uno sale del país por un tiempo recobra la capacidad de asombro y regresa más sensible, no sé si para bien o para mal. Esto último lo digo porque la gente, después de aconsejar el infaltable “ten cuidado, que esto no está como cuando tú te fuiste”, sigue su curso sin aspaviento por tener que vivir todo el tiempo mosca, mejor dicho chiva, aún encerrada en su casa, protegida con rejas y novedosas, costosas y altas trincheras.
La inseguridad allá reedita al New York de los años 80, época en la que había que entrar con cuatro ojos a cualquier edificio, incluyendo el que nos servía de vivienda. En las décadas finales del siglo 20, viajar de New York a República Dominicana equivalía para quien lo hacía a librarse de los rateros al acecho para quitarle a cualquier desprevenido lo que tuviera encima.
Recuerdo que los usuarios de prendas en esa época andaban “pelados” en New York y cuando arrancaban para allá se las enganchaban todas. Ya no es así; ahora lo hacen al revés. La gente procede a guardar sus prendas cuando va para allá, con excepciones por supuesto.
Ni hablar de que viendo las informaciones que dan cuenta a diario de asesinatos, ajustes de cuentas, alijos de drogas y millones de dólares del narcotráfico incautados por la DNCD, en barrios pobres y en sectores popós, el parecido de Santo Domingo con el New York de finales del siglo pasado es mucho mayor, y muy lamentable.
Veinte años atrás nuestra gente decía: “estoy loc@ por irme para Santo Domingo, porque aquí no se puede vivir”. Ahora no son pocos los que al regresar de una estadía en RD se lamentan de que “allá no se puede vivir”.
Con relación a la pregunta del título, con la mente en frío se puede adelantar que los haitianos harán algo similar a lo que hicieron los dominicanos que vinieron por millares en la década de los 60 a trabajar en factorías. Lograron abrirse espacio para ellos -y para los que llegamos después- en Washington Heights e Inwood y terminamos como población mayoritaria de esos sectores, desde donde se expandió la presencia nuestra por todo el territorio de los Estados Unidos.
En comparación con los pioneros nuestros aquí en New York que se agruparon para ser dominantes en el Alto Manhattan, los haitianos tienen muchas ventajas, ya están esparcidos por todo el país, incidiendo en la agricultura y en los trabajos del sector turístico. No tienen que recibir visa, ni atravesar el mar sino cruzar un río moribundo. Y tienen su bastión comercial en “La Pequeña Haití”, en la capital. Es cuestión de tiempo y que se asimilen a nuestra cultura -como hacemos los dominicanos aquí- para que alcancen su plenitud y lleguen a ser mayoría en algún sector amplio e importante del Santo Domingo enrumbado hacia el New York chiquito.
Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones.