martes, 29 de junio de 2010

Trujillo y Balaguer no han muerto: hicieron metástasis

NEW YORK. “Siempre creo, Rafa, que RLTM (Rafael Leonidas Trujillo Molina), igual que don Elito (Joaquín Balaguer), no han muerto todavía: tan sólo han hecho metástasis”. Dudo mucho que el mal político que padece el cuerpo social dominicano pueda conceptualizarse de una mejor manera que la lograda con esas 21 palabras que me entregó al comentar mi artículo anterior un amigo que tuve la suerte de conocer caminando en la ruta para encontrar a Jesús.
La corrupción de los cimientos morales de la sociedad lograda por los políticos es sencillamente devastadora. Inseguridad, narcotráfico, sicariato y robo son hoy sólidos pilares en los cuales se han afirmado bandas que proliferan por los cuatro puntos cardinales del país. Los bandoleros callejeros hacen lo suyo en los espacios que les dejan las bandas políticas que asolan las arcas del estado.
En efecto, la capacidad destructiva de la enfermedad política de la República Dominicana con la única que puede compararse es con la del cáncer del peor tipo, pidiéndole perdón al cáncer.
Todos conocemos lo que significa la palabra metástasis, el pánico que provoca entre familiares y amigos de un enfermo de cáncer cuando un médico la pronuncia, al mismo tiempo que genera un incremento de la solidaridad, cargada de oraciones, para tirar el resto en el intento de prolongar la vida del paciente.
Todos conocemos que República Dominicana está políticamente enferma desde hace tiempo. La recurrencia del cáncer de las dictaduras ha sido extraordinaria. Ahora Leonel Fernández resulta ser una metástasis de Trujillo y Balaguer. La impresión es que todo el mundo sabe de su deseo de eternizarse en el mando, pero sectores del poder tradicional por conveniencia no dan crédito al tema.
Además, aunque hay cierta preocupación de que la metástasis se desarrolle de aquí a 2012 y acabe por completo con el famélico cuerpo democrático criollo, todavía a quien habrá de ser el doliente principal del paciente, al pueblo dominicano, los medios comprometidos con Leonel y los millares de “comunicadores” pagados por el gobierno le bloquean el diagnóstico; entretienen al pueblo para evitar que entre en pánico reactivo y tire el resto a tiempo, al precio que sea, para cercenar el propósito dictatorial.
Es curioso, desde lejos uno observa el panorama completo y se crispa ante el extraordinario trabajo que están haciendo los medios y “comunicadores”, la nueva especie de vivos, también conocidos como bocinas, a quienes se les paga, en muchos casos sumas millonarias, para que comuniquen por TV, Radio, etc., lo que ordena Perversidad, la robusta criatura fruto del matrimonio entre el poder y la prensa.
Preocupa que la práctica del periodismo responsable y puro, el de investigación y denuncia, entrara en proceso de extinción de 2004 para acá. Quedan pocos periodistas que todavía lo enarbolan, ante quienes desde aquí me inclino reverente, porque son mujeres y hombres que han resistido de pie andanadas de tentadoras ofertas económicas, y presiones de todos los calibres.
Prueba de los pocos que quedan es que menos de 100 periodistas firmaron el documento de protesta por la intimidación pública lanzada por Héctor Rodríguez Pimentel a los patrocinadores del programa de Alicia Ortega, atrevimiento que devino en globo de ensayo para el gobierno, a la vez que en efectiva advertencia para todos los empresarios, quienes preferirán, para evitar problemas, poner su publicidad donde no le moleste al gobierno.
Duele saber que aquí Rodríguez Pimentel, con el prontuario que arrastra de su ejercicio en el servicio público, ya hubiese cumplido muchos años a la sombra con el título de ex funcionario y que allá, en cambio, es uno de los hombres claves del presidente.
Enervan tantas cosas…
Pero confío en que en algún momento el pueblo dominicano exclamará al Padre con las palabras del salmo 119:163: “Odio la mentira, no la soporto; pero amo tu enseñanza”. Así desaparecerán la inseguridad, el narcotráfico, el sicariato y el robo; la metástasis no prosperará y se podrá vivir en paz.
Por hoy, me voy, que Dios le llene de bendiciones y se apiade del país.

lunes, 14 de junio de 2010

Tararea el himno del 1J4 y materializa a Trujillo


NEW YORK. A 51 años de la gesta patriótica del 14 de junio, ¿qué queda de ese sacrificio? ¡Nada! Nada importante. Nada que vaya más allá del recuerdo cada año al pie de un monumento recién pintado para la ocasión o recién construido (presupuesto inflado, por supuesto); y uno que otro escrito o discurso por ahí, por allá, por acá.
A 51 años del intento de arrancar al pueblo dominicano de las fauces de la dictadura de Trujillo, ¿qué queda de aquellos aires sietemesinos de libertad de 1963? ¡Nada! Nada importante. Nada que vaya más allá de una confusión entre descendientes (¿?) de la Raza Inmortal con servidores del régimen del propio Trujillo, quienes libremente se han unido bajo el liderazgo económicamente sólido de un estudiante del profesor Bosch que se graduó con el doctor Balaguer.
A 51 años del Patria o Muerte!, de la siembra del ideal más puro, ¿qué se ha cosechado? ¡Nada! Nada importante. Nada que vaya más allá de un mandatario quien, para que lo vean y se hable de eso, tararea estrofas del himno del 1J4 en un acto anual y en un lugar bien alejado, por supuesto, del Palacio Nacional donde a diario, sin ceremonia y sigilosamente, se sienta a calcular cómo empleará los recursos que posee de sobra para intentar superar la marca nacional lograda por Trujillo de 31 años consecutivos mandando.
A los 51 años del intento de quitar a Trujillo de encima del pueblo, ¿qué tenemos? ¡Nada! Nada importante. Nada que vaya más allá de un hombre joven asido al cargo de presidente, con vocación y necesidad en expansión permanente para intentar mantenerse en el poder a cualquier precio.
A los 51 años de la gesta patriótica del 14 de junio, el sacrificio de la Raza Inmortal no ha sido imitado, y mucho menos reivindicado, desde el poder; todo lo contrario a lo ocurrido con Trujillo, cuya figura cada día se idolatra con mayor fe en el Palacio Nacional. Así tenemos el fenómeno de un gobernante capaz de recordar estrofas del himno de los enamorados de un puro ideal, mientras materializa a Trujillo.
Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones y se apiade del país.

martes, 8 de junio de 2010

¡Otra vez Hipólito, el irreverente y flojo?

NEW YORK. Dicen que “la peor diligencia es la que no se hace”. Posiblemente esa premisa es la principal de las dos que han motivado a Hipólito Mejía a inscribirse en la carrera por la nominación presidencial del PRD en 2012.
La otra es la experiencia de haber llegado a la presidencia de la República; pero su condición de ex presidente en realidad es un fuerte handicap en su contra, por dos razones claves: Hipólito le quitó la solemnidad al cargo presidencial y fue un presidente timido, muy flojo. No es la corrupción que hubo en su gobierno lo que le impedirá volver; la corrupción no es impedimento para que alguien desplazado del poder regrese. Al contrario, propicia regresar y mantenerse, verbigracia: Joaquín Balaguer y Leonel Fernández.
Hipólito sigue siendo carismático, pues el carisma es inmanente a quien lo posee, así que nunca se pierde del todo. Esa cualidad, unida a su gran labor como secretario de Agricultura con hoja limpia de corrupción, fueron los activos personales que lo catapultaron hasta la presidencia del país en el año 2000. Claro que su éxito lo determinó la sorprendente, por ágil, corrupción de Leonel Fernández y su equipo.
Hay que recordar que durante la campaña de 2000 Hipólito fue virtualmente desnudado por sus rivales, quienes le pusieron ahí mismo el traje de “loco viejo”, mientras Danilo era el hombre tranquilo y Balaguer: Balaguer. Para cuando llegó el 16 de mayo hasta un mamando tenía conocimiento cabal de que él estaba lejos de ser un tipo ilustrado y con labia al estilo Leonel Fernández y mucho más lejos de ser un intelectual de la talla de Joaquín Balaguer. A la gente no le importó que era tosco y sin discurso, “loco viejo”, se conformó con que tras la implacable campaña en contra suya Hipólito tenía intacto el día del voto su perfil de funcionario público honrado, además de ser “El Guapo de Gurabo”.
El pueblo que en mayo de 1998 le dijo que no por primera vez a Leonel, ratificó el rechazo a su gestión en 2000.
Hipólito, hay que recalcarlo, fue presidente del país por la corrupción rampante que se dio en el primer gobierno de Leonel. Hay que recordar que a un mes de instalado el gobierno del PLD el subsecretario administrativo de la presidencia, Miguel Solano, alarmado, denunció que empezaban a darse prácticas corruptas en la administración peledeista. El funcionario fue sacado de circulación estando aún húmeda en los periódicos la tinta de los titulares sobre su denuncia.
Usted dirá que Hipólito tiene derecho a abrigar esperanza, porque la corrupción actual del gobierno de Leonel es superior a la de cualquier otro período de la historia del país -nadie lo niega, y los grandes medios la apañan- y que por esa razón Hipólito tiene derecho a abrigar alguna esperanza.
Hipólito y su gente pueden sentirse todo lo esperanzados que quieran, pero pienso que él y sus asesores no podrán lavar el pecado cometido por Hipólito de haberle quitado la solemnidad al cargo presidencial con su irreverencia inmanente, que en principio, justo es decirlo, era motivo de diversión para todos, pero dejó de serlo cuando el lío bancario acabó con la economía. Los dominicanos hemos tenido presidentes buenos y de cualquier calaña (ladrones, dictadores, perversos, iletrados); todos tuvieron algo en común, y es que respetaron el código clásico del poder: la solemnidad. Se preocuparon por ser solemnes o al menos aparentarlo, menos el atípico Hipólito.
En otro orden, unos cuantos recordamos la timidez de Hipólito advirtiendo que en su gobierno no se ventilaría al más alto nivel la corrupción de los gobiernos pasados. Tampoco hemos olvidado su flojera en el momento en que tenía que impedir, a cualquier precio, que masacraran a toda la población con la despiadada campaña mediática para provocar un alza descomunal del dólar. Hipólito sabía quienes estaban manipulando el mercado del dólar, quienes eran los voceros y creadores del pánico; tuvo miedo y nada hizo. No era “El guapo de Gurabo” na’.
Así que Hipólito puede ganar la convención de su partido, ellos son blancos y se entienden, pero hasta ahí llegará. Fuera de ese entorno su carencia de solemnidad pesa mucho más que su carisma, y sus groserías no aportan a la economía, así que entre quienes quitan y ponen tienen una tasa de rechazo mayor que la del narcotráfico y de la criminalidad en aumento. No es por corrupto, es por irreverente y flojo que Hipólito está descartado para volver a terciarse la ñoña. Pero, allá él con sus afanes.
Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones y se apiade del país.

miércoles, 2 de junio de 2010

Poder más prensa igual a perversidad política

NEW YORK. El éxito político de Leonel Fernández está afirmado en el cuarto poder, el cual puso a su servicio con el poder de los cuartos. Con los pesos provenientes de la sólida cartera de Ramoncito, en una primera etapa, y en la segunda con los que salen a chorro de las inagotables arcas nacionales, que el presidente dominicano maneja sin rigor ni control.
El maridaje Leonel-prensa ha sido altamente productivo para ambas partes. Los medios fieles a Leonel pasan del 90% de los existentes en el país. Poder y prensa engendran perversidad política.
Leonel ha gastado unos cuartos en el cuarto poder. Los resultados están a la vista, pues los propios comunicadores se encargan de estrujarles a los indigentes del país las riquezas que ostentan.
Hay muchos periodistas convertidos en millonarios por Leonel. Hay medios que viven de, por y para Leonel. Se habla de que el mandatario gasta unos siete mil millones al año en los menesteres periodísticos, en promoción y en publicidad.
Leonel le ha dado mucho a la prensa, no hay duda, pero ésta le ha dado mucho más a él. Le ha construido un muro defensivo tan alto que es infranqueable para las masas, y no sólo para las masas sino para personas y periodistas no comprometidos con el régimen leonelista, que ven como sus denuncias son pulverizadas por la prensa comprometida.
Dicho muro tiene fuera de la vista y del cuestionamiento público las violaciones de Leonel a la constitución que él mismo se hizo. Escándalos como el de la Sun Land, la corrupción galopante, el narcotráfico, la criminalidad, la Barrick Gold, etcétera, no son temas para investigación y análisis en los medios plegados a Leonel. El procedimiento que siguen con los escándalos que no pueden tapar es sencillo: publicarlos, justificarlos y olvidarlos.
Leonel, hay que reconocerlo, le ha dado un uso avasallante al cuarto poder. Y el cuarto poder unido a Leonel ha demostrado ser devastador: incineró en un santiamén a los gigantes Figueroa Agosto y Arturo del Tiempo; ambos son cenizas que la brisa del olvido se lleva. De ellos sólo quedan las que fueran sus propiedades, puestas a enfriar para ser ocupadas más adelante por los agraciados con su asignación. Del caso Del Tiempo lo único que queda es la sensación de que ocurrió hace muuuucho tiempo. Y de Figueroa Agosto todavía se habla porque sus protectores se aseguran de no ser identificados en el futuro, eliminando a bala limpia a los allegados del capo puertorriqueño.
Sin duda, el trabajo hecho por los periodistas y medios que sirven a Leonel ha sido invalorable. Si a Usted le parece poco lo citado, entonces recuerde que Leonel volvió al poder gracias a los medios que le proveyó en 2003 Ramoncito Báez Figueroa, quien puso a disposición de Leonel cientos de periodistas que trabajaban en la red de periódicos, emisoras y canales de televisión que tenía en todo el país el propietario del Baninter, a quien el bufete de abogados del doctor Fernández le daba asesoría.
El trabajo de la prensa a favor de Leonel, estando éste en la oposición, fue demoledor; eso sí, poco faltó para que el país quedara en la quiebra total. Sólo hay que recordar la pavorosa efectividad que tuvo la muy bien orquestada campaña para provocar el alza descomunal de la prima del dólar, al convertir en tema de debate diario el cambio monetario, con el objetivo de sembrar el pánico que propició que un dólar llegara a costar casi 60 pesos, lo que le dio el tiro de gracias a la descabellada decisión de Hipólito Mejía de tratar de continuar en el poder. Esa campaña nos la puso en China a los ciudadanos, quienes sufrimos la reducción de nuestro poder adquisitivo a nivel de casi el 50%.
Recuerdo como. a partir del 17 de mayo de 2004. la poderosa red de periodistas comenzó una contra campaña y ya para el 16 de agosto de 2004 el dólar iba hacia la baja a mil, y los ciudadanos obtuvimos un respiro leve. Leonel tomó posesión con la situación del dólar controlada por los mismos que la descontrolaron antes, y ello le franqueó el camino para clavarnos varias reformas fiscales.
De allá para acá, Leonel ha hecho crecer el patrimonio periodístico que le entregó Ramoncito Báez y su poder hoy día está más sólido que nunca antes. Los dominicanos estamos sufriendo la corrupción más monumental de nuestra historia, pero la “gran prensa” la minimiza diciendo a diario que la corrupción no es exclusiva de este gobierno, que la corrupción está en los genes de los dominicanos y numerosas expresiones que adormecen y abonan la impotencia frente al robo en el gobierno.
La tarea principal de los periodistas y medios leonelistas ahora es darle categoría de inevitable a la reelección de Leonel, aunque la constitución que rige al país en estos días la prohíbe. Naturalmente, eso es percata minuta para ellos.
El cuarto poder y el poder de los cuartos (Leonel) tienen todos los recursos para seguir en el poder. Cuarto da cuarto y poder da poder. La perversión política va pa’lante a la enésima. Vamos a ver hasta donde resiste la gente, porque el proyecto en marcha es una dictadura con respaldo de la prensa.
Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones y se apiade del país.