lunes, 29 de noviembre de 2010

RD dominada por la vanidad y el miedo


“Hijos de hombres, …¿Hasta cuándo amaréis la vanidad y buscaréis la mentira?”, (Salmos 4:2)
NEW YORK. La República Dominicana está sometida a los caprichos de una cofradía vanidosa, mentirosa y miedosa, que además ha sido extraordinariamente eficaz en el uso de todos los medios a su alcance para propagar una oscuridad moral que le permite actuar con total impunidad.
La vanidad, la mentira y el miedo son un coctel que libado a placer en las alturas del poder da un jumo que desinhibe la imprudencia, la inmoralidad y la prepotencia, y anula el buen juicio. Su irremediable resaca de arrogancia sólo demanda continuidad en el consumo. En el país hombres de baja condición han decretado la muerte de la vergüenza y la compasión.
Mire, es absolutamente necesario carecer de vergüenza y compasión para que el gobierno se ufane pregonando estadísticas que avalan un crecimiento económico anual que ubica al país entre los primeros en este aspecto, al mismo tiempo que a rajatabla se niega cada año a cumplir con su propia ley entregando el porcentaje que corresponde en el presupuesto a la educación, renglón en el cual la República Dominicana figura entre los últimos.
Es mediante el ejercicio más desembozado de la vanidad y el miedo que se patrocinan los actos reeleccionistas en todas las tribunas en las cuales aparece el presidente Leonel Fernández, hombre que no para mientes para hacer suyos los mismos recursos que usaron Trujillo y Balaguer, los paradigmas mayores de vanidad y miedo que ha sufrido el país.
Tanto ha crecido la vanidad de Leonel que da la impresión de que él y su cofradía entienden que fuera del Palacio Nacional no hay otro lugar en la República Dominicana que pueda acogerla. Y el miedo a ser desplazado es mucho mayor, debido a que el cúmulo de hechos delictivos es muy grande. Tan grande es que ni la prensa comprometida con el régimen puede evitar que algunos de ellos se les cuelen. Hay el temor a que una vez fuera del poder se necesite más que una frase como aquella de “pagar o pegar” con la cual quedó resuelta la desaparición de $1,400 millones de pesos en el famoso Peme.
Y uno se pregunta ¿qué aparecerá ante nosotros el día que un rayo de luz hiera la oscuridad moral que nubla el país? Porque de que la luz se hará no se debe dudar, especialmente cuando uno se encuentra en La Biblia con sentencias como ésta: “Los hombres de baja condición sólo son vanidad, y los de alto rango son mentira; en la balanza suben, todos juntos pesan menos que un soplo”, (Salmos 62:9). Algún pequeño aliento ha de quedarle al pueblo dominicano, por más que la frustración y el desengaño lo hayan golpeado con más rudeza a medida que avanza el siglo 21. El soplo se producirá en algún momento.
El engaño no puede ser eterno. El apagón moral debe tener su final. No es posible que nos continúen vendiendo que Leonel es un hombre democrático, aunque él tiene en muy alta estima en su gobierno a personas que nunca han creído en la democracia. No es posible que nos sigan vendiendo que el país ha avanzado políticamente, cuando lo que hemos hecho es retroceder.
Fíjese, tanto hemos retrocedido que la iglesia católica -dando algunas señales de disgusto con el régimen- ha formulado denuncias de cierta contundencia en estos días y, aunque puede parecer increíble, está colocada ante la posibilidad de volverse a enfrentar cara a cara con varios de los personajes que la enfrentaron hace ya más de medio siglo, cuando rompió con Trujillo.
Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones y se apiade de la República Dominicana.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Freddy… punto y seguido


NEW YORK. Muerte como la de Freddy han de servir para trascender las manifestaciones de dolor clásicas, y hasta extraordinarias, como ha sido su caso.
La partida de alguien inmenso como Freddy Beras Goico debe servir para mucho más que el justificado y espontáneo llanto en todo el país y en cualquier punto del planeta donde estamos los dominicanos. Debe servir para mucho más que el justificado y espontáneo homenaje ofrecido por el pueblo. Debe ser motivo de reflexión profunda.
La reflexión es propicia porque difícilmente las generaciones presentes en la vida dominicana volverán a ver una muerte que alcance la dimensión de la de Freddy. La razón es sencilla: no suelen aparecer en todas partes y mucho menos se repiten en el mismo pueblo personajes que llenen los espacios que llenó Freddy, y de la manera como los llenó.
Pienso que no hay un dominicano de hoy que no haya reído alguna vez con un cuento, un chiste, una ocurrencia o un personaje de Freddy. Tampoco debe haber un dominicano a quien, por lo menos, no se le aguaran los ojos alguna vez cuando las lágrimas -siempre cerca- de Freddy empezaban a bajar por sus mejillas. ¿Hay algún dominicano no se haya enfogonado o manifestado su apoyo a más de una de las enfogonadas de Freddy? ¿Hay algún dominicano que no haya sido motivado por Freddy para identificarse o cooperar con más de una causa altruista?
Se cuentan por millares los dominicanos que hoy son hombres y mujeres productivos gracias a que en los momentos de necesidad encontraron en Freddy la vía para solucionar sus problemas de salud o de estudios.
Por todo eso, y mucho más, la partida de ese espíritu que vino al mundo con dones como la espontaneidad, la sensibilidad, la firmeza para mantenerse libre y actuar con igual respeto frente al más humilde y al más encumbrado, pero también para mentarle la madre al abusador más encumbrado como al más humilde de los abusadores, la partida de Freddy no puede ser un punto final, es un punto y seguido.
Para mí (aclaro que hace un corto tiempo le perdí el miedo a la muerte y ahora la veo como un milagro más del Padre) la muerte de Freddy es una reconfirmación de que el milagro del nacimiento nos trae a todos con los días contados. Digo esto porque posiblemente por ningún otro dominicano se haya orado tanto de manera espontánea, además de que a Freddy no le faltaron recursos para poner a la ciencia a trabajar por el restablecimiento de su salud corporal.
El Padre escucha las oraciones, puedo afirmarlo. Y el propio Freddy se encargó de dar, y ser a la vez, testimonio contundente al respecto. Las oraciones son escuchadas por Dios y prueba de ello es la fortaleza que encontraron sus familiares y el pueblo dominicano para despedirlo. El Padre escucha las oraciones, mediante la oración encontró Freddy el sendero para acercarse a Jesús, lo que debe regocijar a todos sus deudos, que somos todos, porque “así como creemos que Jesús murió y resucitó, así también creemos que Dios va a resucitar con Jesús a los que murieron creyendo en él”, (1 Tesalonicenses 4:14)
Hará falta Freddy a la República Dominicana. Mucha falta hará ese hombre que en sólo siete décadas apretó obras y vivencias que a cualquier cristiano normal le tomaría 140 años realizarlas. Hará mucha falta ese hombre que vivió sin vanidad ni miedo en un país donde, precisamente, la vanidad y el miedo son razones para mantener, a cualquier precio, el manejo del estado.
Por hoy, me voy. Que Dios se apiade de la República Dominicana.

martes, 16 de noviembre de 2010

Danilo tampoco respeta


NEW YORK. ¡Cómo es la cosa… Danilo Medina afirmó que en el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) no hay traidores?
¿Qué impulsa a un hombre que dice aspirar a presidir el país a afirmar una cosa así, que salida de su boca resulta una monstruosidad? Barrunto que puede ser una ambición ciega o saberse en situación muy precaria o que decidió recular o que quiere aparentar que es ingenuo o que considera que todos los que no son del PLD son estúpidos…
Dígame Usted si no es una monstruosidad que Danilo regresara del ostracismo a que se sometió durante meses para desmentirse a sí mismo de aquella patética expresión “me venció el estado”, en la cual resumió los manejos que hizo Leonel Fernández para ganar la convención del PLD sonsacando a personas que debían lealtad a Danilo. ¿Se puede creer que Danilo piensa que la deslealtad no es traición? ¡No!
Así que la credibilidad de Danilo debe andar en estos momentos por su nivel más bajo. Nadie cree lo que Danilo afirmó, ni Danilo mismo puede creerlo. Es que el PLD, sencillamente, está lleno de traidores. No hay una organización política en la República Dominicana con más traidores en su seno que el PLD.
Múltiples razones avalan la categórica afirmación que hago, pero me limito a decir que el PLD -o Leonel, si Usted lo prefiere, es lo mismo- agregó a los propios traidores del partido (los que traicionaron las ideas de Juan Bosch, y al mismo Danilo) una amplia legión de traidores que compró de los partidos Reformista Social Cristiano (PRSC) y Revolucionario Dominicano (PRD).
Vale recordar aquí que la llegada del PLD al poder en 1996 se fundamentó en un acto espontáneo de traición fríamente dirigido por el doctor Joaquín Balaguer para evitar que el candidato de su partido, Jacinto Peynado, terminara en la segunda posición en la primera vuelta en las elecciones de 1996. De allá para acá, Leonel ha sido altamente exitoso captando traidores en todas las organizaciones políticas del país por la vía de la compra y puede considerarse como el padre del transfuguismo del siglo XXI.
Danilo, insisto, no puede creerse lo que declaró, pero no hay duda de que es lo que consideró apropiado decir y, sujeto a la que ya se evidencia como una precaria situación en el PLD, abrió espacio para recular frente a la embestida devastadora de la reelección presidencial sustentada por los senadores y diputados peledeistas casi en su totalidad.
La insostenible afirmación me dejó la impresión de que Danilo ya está convencido de que con sus botoncitos embotados no puede tirarse a la valla frente a un gallo armado con navajas, como lo es Leonel. El pleito es disparejo totalmente, así que lo mejor que puede hacer Danilo es irse de alita, guardar distancia del padrote del PLD, tranquilo.
Tal vez Danilo no tenía que llegar tan lejos, al punto de desdecirse en su imposible intento de recomponer el pasado y lograr alguna indulgencia de Leonel, pero alguna razón de peso tendrá para, con más de tres años fuera de la traba gubernamental, venir a decirnos que en el PLD no hay traidores. Tras escucharlo hablar hace unas semanas en un restaurant en Manhattan salí con una buena impresión de su persona y pensé que Danilo tenía un mayor respeto por la inteligencia ajena, pero es obvio que no. Ni modo, él es un político profesional.
Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones y se apiade de la República Dominicana.

La negación de la educación y el robo


NEW YORK.  ¿Cuánto tiempo hace que en la capital dominicana no se construye un plantel escolar público con los requerimientos mínimos para la educación integral? ¿Cuánto habrá crecido la población de Santo Domingo desde que se levantó el último edificio para alojar una escuela pública en la zona metropolitana?
Las preguntas vienen a cuento por lo mucho que se habla de la importancia de la educación, por los reclamos que se hacen para que se cumpla con la ley de entregar lo que le corresponde a la educación en el presupuesto nacional. Y las cosas siguen… empeorando.
En mi cabeza han estado dando vueltas esas interrogantes desde que me las disparó a quemarropa un buen amigo en una conversación acerca de la situación del país, de la delincuencia, el narcotráfico y todos esos males que son temas inevitables en cualquier reunión  entre quienes vivimos por estos predios y no terminamos de ajustar la mente en el aquí y el  ahora, porque nunca despejaremos el allá de nuestras raíces familiares y valiosas amistades.
Mi respuesta al amigo fue que no sabía. Honestamente no recuerdo la última ocasión en que se abrió un nuevo plantel público en la capital. Insisto en la palabra público porque planteles privados sí que se han levantado en los últimos tiempos y no paran de crecer. Los colegios se han alimentado extraordinariamente bien de la irresponsabilidad de los gobernantes que hemos tenido, que no sólo no han construido más escuelas sino que han permitido el deterioro casi absoluto  y la desaparición de otras que teníamos y que fueron modelos de buenas escuelas.
Pienso en mi antigua barriada de Villa Juana y sectores aledaños, donde el aumento de la población no cesa. No puedo precisar cuando se levantó por “Villajú” y sus entornos el último plantel escolar hecho por algún gobierno para responder a la población en aumento.  No recuerdo que se haya hecho nada significativo desde la década del 70 para acá.
Y se va mi pensamiento hasta la escuela República Dominicana, donde tanta carpeta di jugando voleibol y baloncesto, a principio de los 60, cuando la misma, lamentablemente, empezó a perder sus encantos originales poco a poco.
¡Qué escuela! Hablaré de sus instalaciones porque no tuve la suerte de ser alumno en la misma. Enclavada a dos cuadras de mi casa, ocupaba la manzana demarcada por las calles Peña Batlle, Francisco Villaespesa, Seibo y Marcos Adón, donde estaba el frente de la misma, detrás de un exuberante jardín.
Tenía esa escuela primaria, construida en la década del 50, auditorio, biblioteca, aula taller, gimnasio, dos canchas, una de ellas con luces -dije con luces, allí jugábamos en la noche-,  y hasta una piscina, sí una piscina. La última vez que pasé cerca de esa escuela se me encogió el corazón: su jardín de antaño devino en conuco.  La vi mutilada, me provocó horror.
Ahora pienso que su mutilación se corresponde exactamente con la mutilación que cada gobierno en su momento le ha hecho a la educación, porque si hay algo que en los gobernantes dominicanos han estado claros, si hay una política de estado -a parte de la del robo- a la que se le ha dado continuación in crescendo  al pie de la letra gobierno tras gobierno es a la de negarle la educación pública de calidad a la población.
Por eso ahora que miro hacia atrás recuerdo con mayor facilidad planteles que desaparecieron en la capital, tales como la escuela Cuba y  el liceo Argentina, y otras que la última vez que las vi eran feas caricaturas de lo que en principio fueron, como mi liceo Juan Pablo Duarte, las escuelas España, Chile, Perú, Fidel Ferrer, la Estados Unidos y otras.
Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones y se apiade de la República Dominicana.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

El elefante del cuento y el cepillo de Funglode

NEW YORK. A ratos, la República Dominicana se ve desde aquí como un gran circo, con todo y el mentalmente doblegado elefante de la conocida historia, aquel que provocó el asombro de un pequeño que vio que el gigantesco paquidermo permanecía inmóvil en un reducido espacio atado por sus dueños a una diminuta estaca.
No tengo que decir que en la visión del circo el elefante representa al dócil pueblo dominicano y ni hablar de quien es el dueño del circo y del elefante, además de ser la máxima estrella del espectáculo, un prestidigitador con varios sombreros presidenciales, de los cuales no saca nada sino todo lo contrario.
En otros momentos el país se ve como que sigue siendo muy especial: lo que allá se ve no se ve en ninguna otra parte, lo que le asocia con el concepto de espectacular. Bueno, de cualquiera forma que se le mire es válido, porque en la República Dominicana el espectáculo público es continuo, tan continuo que nada de lo que se pone en cartelera provoca asombro, por espectacular y escandaloso que pueda parecer a los públicos ubicados en otros escenarios, como el de los Estados Unidos.
Uno se entera de la normal puesta en escena allá de espectáculos que aquí acapararían la atención de toda la sociedad, con su consecuente desborde a niveles impredecibles.
Por ejemplo, es imposible que uno vea por aquí la presentación de un almuerzo organizado por el presidente Barack Omaba con grandes empresarios nacionales en la Casa Blanca para al final del mismo sorprenderlos pasándoles el cepillo para que dejen caer sus aportes para una entidad de su propiedad, así sea una fundación que efectivamente persiga el bienestar de todos los ciudadanos del país.
Allá el presidente Leonel Fernández llamó a su presencia al empresariado del país para que almorzaran con él y, después del barriga llena…, pasó el cepillo de la Fundación Global, y lo que más se resalta en la única crónica que pude leer sobre el tema es que el empresario Víctor Méndez Capellán al parecer estaba orejeado del asunto y sacó su chequera de dólares, que es la moneda oficial entre los pudientes, y de inmediato donó US$100,000.00.
En cartelera lleva meses la hipotética reelección presidencial y, aunque la constitución lo prohíbe, el presidente ni se molesta en decir que no está en ánimos de violarla. Razones tendrá: la duda de si va o no va le otorga ventajas personales extraordinarias. En torno a esto, particularmente pienso que si los empresarios que almorzaron con él hace algunos días en ese momento hubiesen tenido la certeza de que no forzará su reelección lo más probable que algunos se hubiesen encontrado alguna excusa para no asistir y otro hubiesen sido menos dadivosos.
Se sorprende uno de que Nuria pusiera en escena las millonarias obras montadas por funcionarios del gobierno en lugares paradisíacos del país para su solaz y esparcimiento. Y que los demás medios le negaran al público la oportunidad de deleitarse al ver esas monumentales mansiones que hacen parecer nuestras campiñas como europeas.
Y, finalmente, también extraña la intempestiva forma que se sacó de escena la miserable espectáculo de las intoxicaciones en el desayuno escolar, que llevaba años en el escenario. La decisión fue eliminar la leche. No hay culpable de nada, aunque se habló hasta de manos criminales y sabotaje. En el no más leche se resume la promesa presidencial de actuar sin contemplaciones en el asunto.
Nadie se extraño con la intempestiva e inesperada decisión, a la que sólo le faltó para redondearla que se culpara a los niños de intoxicarse por tomar algo que tenían el deber de rechazar.
Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones y se apiade de la República Dominicana.