jueves, 13 de mayo de 2010

Leonel y su séquito ponen el mal ejemplo en el país


NEW YORK. Decálogos aleccionadores ha publicado en la columna AM en estos días Adriano Miguel Tejada, hombre dueño de entusiasmo, buen humor e ideas para repartir, algo que cotidianamente hace a través de sus escritos y personalmente; esto último lo sé porque fui beneficiario de su forma de ser durante mi ejercicio como editor deportivo de Diario Libre, donde laboré muy a gusto como subalterno suyo y me premió con una amistad que aprecio.
El objetivo de Adriano con los decálogos es que cada quien examine si está cumpliendo con normas que son básicas para lograr tener una sociedad que funcione de manera óptima. En su columna del miércoles 12, Adriano enumera cinco males que frenan el desarrollo de un país. Cito los puntos con fragmentos de las explicaciones que nos ofreció a sus lectores: “1. El cortoplacismo. Los dominicanos lo quieren todo y lo quieren ahora… 2. El “familismo” amoral, que es consecuencia del anterior. Queremos lo mío primero y no nos importa el resto... 3. La cultura autoritaria. A pesar de los avances, todavía domina el ¡tránquelo! y las arbitrariedades… 4. La anomia, corolario de la anterior. El dominicano quiere vivir como chivo sin ley. No respeta las normas si las puede violar… y 5. La ideología del progreso. …Esto llena al país de obras, muchas de ellas innecesarias por su falta de planificación”.
Es verdad que en la sociedad dominicana el cortoplacismo arrancó con velocidad de espanto en los últimos años. La impresión que uno recibe por aquí es que nadie quiere quedarse atrás de la bonanza de los políticos y gente de todos los segmentos (léase autoridades militares corruptas, asaltantes de barrio, atracadores, sicarios, etc.) arma su estructura de poder, al estilo de los políticos, para lograr riqueza rápida, que es lo que garantiza ser alguien en el país.
Válida es la percepción de que los dominicanos lo queremos todo y ahora, pero sólo los que están en la cumbre del poder, presidido por Leonel Fernández, lo consiguen todo y de inmediato. Verbigracia: Primera línea del metro, hecha sin estudios previos, pero con decisión política y ambición de porcentajes bien calculados. Es el mejor símbolo del cortoplacismo.
El “familismo” amoral tiene sus mejores exponentes en las fundaciones y los barrilitos, así como en los grupos de familias con cargo en el estado y posiciones electivas ganadas por el dedo presidencial.
La cultura autoritaria y la anomia son para el ejercicio exclusivo de los gobernantes. Leonel, nadie lo niega, es un consuetudinario violador de las leyes y la constitución (Sun Land, las nominillas, el PEME con tarjeta, reparto del dinero en campaña y un largo etcétera son ejemplos); la impunidad es un derecho incuestionable de los gobernantes en la República Dominicana.
Y ni hablar de que la ideología del “progreso” (palabra asociada a Leonel y al congreso por los mercadólogos) sólo puede ser impuesta por los de arriba, porque las obras que se construyen a la “brigandai” tienen, efectivamente, el propósito principal de enriquecer a algún favorito o pagar un favor político.
Como se puede ver, el mal ejemplo lo ponen Leonel (El Príncipe como ahora le llaman con cariño) y su séquito. El país está feo para la foto.
Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones y se apiade de República Dominicana.

viernes, 7 de mayo de 2010

El ejercicio de doblez en RD es capaz de escindir a Leonel; Castaño Guzmán aplica su maestría

New York. Los nombrados en posiciones públicas en la República Dominicana ejercen distintas profesiones, pero dan la impresión de que tienen en común una maestría y experiencia de campo en el ejercicio de doblez, para mantenerse en las buenas con el mandamás.
Pongo el siguiente ejemplo por considerar que quien voy a citar debiera ser independiente. Se trata del presidente de la Junta Central Electoral, doctor Julio César Castaños Guzmán, quien primero declaró que el presidente de la República debía abstenerse de participar en la campaña electoral presente, pero horas después dijo que en su condición de presidente del Partido de la Liberación Dominicana el doctor Leonel Fernández tenía todo el derecho de caravanear.
Quiere pensar Castaño Guzmán y poner a pensar al pueblo que cuando Leonel caravanea lo hace como presidente de su partido y no como presidente de la República. Pero eso es íntegramente falso. Leonel se mueve con el ropaje de presidente del PLD haciendo uso de los mismos recursos económicos y de seguridad con que se mueve como presidente de la República.
Inevitable que así ocurra porque, sencillamente, quien ocupa el cargo de presidente de la República lo es en todo momento del ejercicio de su mandato. Aún si lo quisiera -que no es el caso de Leonel, quien ya inició su campaña para seguir más allá de 2012- no se puede quitar el cargo como quitarse un traje.
Leonel está muy consciente de eso, y todo lo hace en su calidad de presidente de la República. Mire, imagine lo duro que debe ser para él que el cargo de presidente le impida darle la satisfacción a Ramoncito Báez de irlo a ver a Najayo.
Recuerde que Leonel acudió a la cárcel del Palacio de Justicia a las pocas horas de Ramoncito Báez ser apresado por el gobierno de Hipólito Mejía, en 2003. Leonel en ese momento era ex presidente y su porta estandarte principal era el de máximo líder del PLD, así que no vaciló un instante para ir a ver a su amigo, quien agradecido ahí mismo se convirtió en el principal benefactor de la campaña para que Leonel se hiciera de nuevo con el poder en 2004.
Como presidente del país, Leonel se arriesgó y permitió a su ministro Vincho Castillo defender a Ramoncito Báez en contra de los intereses del estado dominicano, algo que de haber ganado Ramoncito en los tribunales hubiese sido muy pernicioso para las finanzas del país, pero hasta ahí llegó.
A lo mejor Leonel ha sentido profundamente no poder cumplir con el amigo preso, aunque sea con una visita, algo en lo que se puede pensar tomando en cuenta que Leonel siempre dijo que Ramoncito era inocente, una víctima de la torpeza de Hipólito.
Pero, a pesar de los buenos sentimientos que pueda tener, Leonel sabe que ahora no debe ir a Najayo, el cargo se lo impide. No puede escindirse entre ciudadano y presidente, y no va a arriesgar el lustre de la imagen presidencial.
Entonces, si para un asunto tan humano, como ver al amigo preso, Leonel no intenta auto escindirse, resulta paradójico que Castaños Guzmán lo escinda por su cuenta para los fines del caravaneo, pero con doblez todo es posible. Tiene la maestría necesaria el presidente de la JCE para buscársela con Leonel. Y la aplica.
Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones, y que se compadezca de nuestro país.

lunes, 3 de mayo de 2010

Leonel quiere poder, no respeto

NEW YORK. Cada vez leo y escucho con mayor frecuencia la frase “la figura del presidente de la República merece respeto”. El reclamo es propio de la adulonería y servilismo, aunque no descarto que uno que otro que use la expresión en verdad crea que el respeto es inmanente a la posición presidencial, cosa que no es así. El respeto no se merece, hay que ganárselo. El respeto se gana, y se pierde.
Veamos el caso del presidente Leonel Fernández. Nadie anduvo por ahí reclamando respeto para él en 1995. Él se había ganado el que tenía, y tanto tenía que llegó a la presidencia de República Dominicana en 1996 mediante una fórmula impensada para las grandes mayorías, pero que salió de la mente de quien era el genio titular de la perversidad política dominicana, Joaquín Balaguer, quien mezcló la traición al candidato de su partido con la renuncia de Leonel a los principios que decía sustentar, y presentó la pócima haciendo referencia, blasfemia es lo correcto decir, bíblica al nombrarla como “el nuevo camino”. Fue algo avieso aquello, pero el respeto que sentía parte del electorado por el entonces joven político peledeísta y el rechazo a la negrura de Peña Gómez propició que la mayoría del pueblo se tomara aquel brebaje.
Las cosas cambiaron desde entonces y, ante la pérdida de credibilidad sufrida por Leonel, hoy tenemos un amplísimo coro entonando plegarias de respeto para la figura del presidente, un respeto que en realidad poco le importa a un hombre ya curtido e inmerso -sin el menor deseo de tomar un respiro- en los manejos indecorosos del Estado.
Y no le importa porque él conoce perfectamente que no es con el respeto a la figura que se va a mantener mandando. Es accionando sin escrúpulos, como lo hace, los instrumentos del poder como va a seguir “pa’lante”, atropellando lo que encuentre a su paso, sin aspaviento por asuntos menores, como lo es regatear respeto cuando se disfruta del manejo sin controles de un estado rico, con un pueblo de ideales acribillados junto a Amín, Amaury y otros, y reducido a la categoría de votantes por una solidaridad en plástico de 300 pesos mensuales y recipientes de platos de comida en los finales de campaña.
En verdad la adulonería y el servilismo están pidiendo demasiado por su cuenta, cosa que no deja de ser peligrosa. ¿Qué tal si a Leonel, llevándose de ellos, le da por “someter a la obediencia” a quienes se conforman -como toda acción contra los abusos permanente de los gobernantes- con decir malas palabras en un medio? Nadie puede predecir lo que pasará si además de sufrir por la corrupción, los apagones y falta de agua a los inconformes los someten al silencio. Leonel sabe que las palabras descompuestas y los epítetos, merecidos muchos de ellos, son válvulas de escape que evitan que explote la olla que contiene el caldo que consumen sin más molestias los manejadores del poder.
No es político para Leonel reclamar un respeto que él dejó de usar y no le interesa en lo absoluto volver a usar, porque los hombres de respeto que fueron presidentes del país no tuvieron mandatos largos. Hay que reconocerlo, los gobernantes exitosos, en términos de permanencia en la silla, que ha tenido el país se ubican en dos grupos: corruptos y dictadores. Leonel, nadie discute eso, está ya entre los primeros, y da los pasos, mejor dicho caravanea, para lograr los controles necesarios en el congreso y ubicarse en 2012 “democráticamente” entre los segundos. Leonel quiere poder, quiere ser exitoso en la permanencia en el poder, él no precisa de respeto. La adulonería y el servilismo deben entender eso y no forzar tanto el mingo.
Por hoy, me voy.
Que Dios le llene de bendiciones.

jueves, 22 de abril de 2010

La Gloria de Vincho

NEW YORK. No sé si es porque estoy ubicado en los predios newyorkinos, pero cuando acabé de ver el vídeo que recogió las imágenes de la ciudadana Gloria Peña confrontando al poderoso doctor Marino Vinicio (Vincho) Castillo mi mente viajó hasta Rosa Parks, la valiente costurera negra que se negó el 1 de diciembre de 1955 a ceder su asiento en un autobús a un blanco, en Mobile, Alabama.
La acción, calificada entonces como desobediencia, la llevó a la cárcel, pero, a la vez, fue la chispa que encendió la lucha por los derechos civiles en los Estados Unidos, nación que hoy tiene a Barack Obama como presidente.
Hay semejanzas entre las acciones de la señora Park y de doña Gloria. La señora Parks estaba cansada del abuso contra ella y los de su raza cuando desafió la ordenanza de no sentarse en un lugar reservado para blancos y no hizo caso al chofer que le ordenaba irse a la parte de atrás del autobús, prefiriendo esperar a que viniera la policía a llevársela presa. Doña Gloria está cansada de la corrupción y la falacia que sufre junto al pueblo y aprovechó la oportunidad para manifestar sus sentimientos a Vincho, el segundo hombre en importancia del Gobierno, sólo detrás del presidente Leonel Fernández, quien considera al viejo abogado como su ídolo.
Mucho se puede y se debe decir de esa breve oportunidad que tuvo la señora Gloria de encontrarse con Vincho. Cuantas lecciones para preservar la libertad que queda en la República Dominicana impartió la dama en dos minutos y ocho segundos de fílmica en uno de los pasillos del antiguo edificio de la Procuradoría General de la República.
La primera de las lecciones fue la ratificación de que al valor y a la verdad el falso poder terrenal siempre le corre. Viendo el video uno se da cuenta como desde la suficiencia y el menosprecio con que el poderoso Vincho preguntó a los reporteros “¿qué dice la señora?”, en segundos perdió el engreimiento y la seguridad al escuchar el “usted es un falaz” que lo dejó indefenso por completo y sólo tuvo agilidad para retirarse rápido del escenario diciéndole a la dama con risa nerviosa “a usted le gusta Hipólito”.
La segunda lección es la comprobación sin embozo del papel al que ha quedado reducida la prensa, en su mayoría, que no es otro que defender a las autoridades de turno. Fue patético escuchar a los reporteros haciendo esfuerzos para evitar que se produjera la noticia, que se produjo porque, ciego de presunción, Vincho no vio en doña Gloria la categoría del ciudadano -en el caso ciudadana- con moral y honra, que en la República Dominicana de hoy es algo así como una especie en peligro de extinción, y por ello no barajó el desafío.
La tercera lección es que el gobierno no está dando palos a ciegas para acabar con el pluralismo partidario. El desparpajo con que uno de los reporteros preguntó a la dama por el partido al cual pertenecía llevaba implícita la descalificación inmediata, en caso de que ella se hubiese identificado como perteneciente a un partido cualquiera de los que no están en el gobierno. Ella respondió que sólo es una opositora a la vagabundería y creyente en la democracia, eso la salvó de ser escarnecida de manera atroz.
Lógicamente, los infelices reporteros no están en capacidad para descalificar a personas así y no les quedó más remedio que gritar un pusilánime “viva Gloria”, con pretensión irónica de ridiculizar a la dama, pero los ridiculizados fueron ellos con el contundente ¡VIVA LA DEMOCRACIA! que ésta devolvió.
Patético también fue que uno de los reporteros le preguntara si trabajaba en la Procuradoría. ¿Iba a ir con el video donde el procurador a chivatearla, en caso de que fuera empleada, con el objetivo de demostrar que es un defensor del gobierno?
Bueno, no voy a continuar con el patetismo de los reporteros, pues lo que quiero es mostrar mi respeto a doña Gloria. Espero que su nombre se perpetúe en República Dominicana como el de Rosa Parks aquí. La Gloria que llegó a Vincho hace unos días no es la que él aspiraba, eso está claro, pero de todas maneras le hizo bien, las lecciones de moral que le impartieron le hacían mucha falta al poderoso personaje.
Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones.

viernes, 19 de marzo de 2010

Leonel: ¿presidente de la isla?


NEW YORK. A propósito del anuncio de su intención de construir una universidad en Haití que acaba de hacer el presidente Leonel Fernández, dado que él lleva la voz cantante en la isla de lo que hay que hacer para la refundación del devastado país vecino de la República Dominicana y por su conocida vocación para enredarse en asuntos internacionales, me llegó a mil un pensamiento de esos que de entrada parecen descabellados, pero que cuando comienzan a dar vueltas en la azotea muestran que no son calvos na’ y que tienen pelos por pipá para asirlos.
Déjeme decirle, el pensamiento que da vueltas en mi mente es referente a que en Leonel las tres potencias internacionales (Estados Unidos, Francia y Canadá) tienen al tipo ideal para acelerar el plan de unificar a los pueblos dominicanos y haitianos bajo un mismo régimen, en caso de que sea real el propósito de unirnos que se les atribuye a las naciones de marras.
Analicemos un poco. Mire, tras el terremoto del 12 de enero, la reacción de Leonel ante la catástrofe en Haití fue inmediata, destinando ingentes recursos, algo que aplaudo, para asistir a nuestros vecinos y hermanos golpeados por el violento sismo que provocó más de 200 mil muertos. De allá para acá, se ha movilizado y ha hablado más en los foros internacionales interesados en ayudar a resolver la grave situación de Haití que el presidente haitiano René Préval, algo que no me entusiasma aplaudir.
Leonel da muestras de que tiene todo claro en cuanto a lo que hay que hacer en Haití y va a poner manos a la obra, empezando con la construcción de la universidad que ya adelantó que tendrá una capacidad para 10 mil estudiantes y que tendrá característica similar a las de los centros regionales de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Da la impresión de que elaboró un plan, cuya ejecución es un asunto personal, al estilo del Metro, así que no dudo que lo llevará a cabo, si sus colegas haitianos no se ponen chivos y lo torpedean.
En la Conferencia Técnica Preparatoria sobre Haití, Leonel se lució hablando sobre lo que hay que hacer en el hermano país, lo que debe significarle un aumento de los puntos que ha ganado de enero para acá entre los haitianos por su liderazgo para clamar por lo que ellos necesitan ante las naciones poderosas, mientras Préval luce tímido.
Súmele a eso que Leonel tiene a su favor múltiples condiciones y cualidades que lo convierten en el prototipo de la figura que puede encabezar la unificación de los dos estados. Entre las condiciones se pueden citar como las principales:
1.- Tiene control total del gobierno y de todas las instancias de la República Dominicana, llámense congreso, justicia, prensa (con un par de excepciones), eclesiástica, empresarial, industrial, comercial y ni hablar de la política. En República Dominicana se hace lo que Leonel dispone, y sólo lo que Leonel dispone. El hombre ha puesto a caminar por donde él indica hasta a quienes se suponen sus opositores.
2.- Actualmente él es, de hecho y derecho, el gobernante de un millón y pico largo de haitianos que viven en la República Dominicana. Y cada día son más los que vienen a ponerse bajo su mando, porque en nuestro país viven mucho mejor que en Haití.
3.- Desde que gobernó el país por primera vez, Leonel dejó claro que responde -y a eso debe en gran parte su éxito- a los intereses de los insaciables organismos internacionales que controlan la economía y la política mundial. Cuando en 1998 le ordenaron entregar al sector privado las empresas que pertenecían al Estado, las entregó de inmediato. Ahora acabamos de ver cómo cumplió con la encomienda de hablar a favor del nuevo gobierno de Honduras, aunque él se había mostrado como el defensor más enconado del tumbado Manuel Zelaya.
Entre las cualidades de Leonel se pueden citar que él es un hombre ambicioso, a quien ya República Dominicana le queda pequeña, de ahí su afán por trascender en el campo internacional. No tiene miedo a acometer proyectos que lo beneficien personalmente, tiene bien desarrollado el delirio de grandeza, es práctico y oportuno oportunista, por lo que nunca va en contra de la corriente de los que ponen el dinero y mueven a su antojo las fichas del tablero político internacional.
Leonel tiene capacidad para ser el químico aglutinante de dominicanos y haitianos. Habla francés, y hasta el hecho de ser mulato le favorece para emulsionar a dos pueblos muy diferentes, que, aunque metidos en el mismo frasco territorial, se comportan como el agua y el aceite.
Como Usted puede ver, tiene su greña el pensamiento que dio origen a este escrito.
Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones.

viernes, 15 de enero de 2010

Tras el terremoto: en Haití se cumplirá la certeza “no hay mal que por bien no venga”


Real y efectivamente “no hay mal que por bien no venga”. El terrible terremoto que asoló al pueblo haitiano el pasado 12 de los corrientes obligó a que todas las miradas del mundo se posen en estos días sobre la vieja y miserable realidad de ese pueblo vecino y hermano del dominicano.
Mirar hacia Haití es algo que las grandes naciones han evitado con férrea determinación y sólo lo hacen de soslayo, cuando lo hacen, empezando por Francia, que fue la potencia que se encargó de cargar para su territorio con lo mejor y más valioso que tenía siglos atrás la parte oeste de la isla Española, cuando naciones europeas -España e Inglaterra, principalmente- vinieron a robarse impunemente las riquezas de esta parte del mundo.
El terremoto acabó con la vida de millares de los hermanos haitianos, arruinó físicamente a miles más; dejó a la capital, Puerto Príncipe, hecha prácticamente escombros. Hoy Haití está al descubierto, a la vista de todos sin tapujos; no es posible esconder por más tiempo que ese pueblo hace mucho que se convirtió en la ruina física de lo que una vez fue nación, la primera nación fundada por los esclavos negros traídos por los colonizadores a América.
Hoy todo el mundo conoce, con todas sus aristas, qué es lo que dos o tres grandes potencias del mundo han estado procurando que cargue por sí solo el pueblo dominicano. Ya conocen todos los pueblos del mundo que es imposible para la República Dominicana absorber, anexar a su presupuesto al pueblo vecino.
El terremoto vino a imponer, de manera forzosa, el inicio de la reconstrucción de Haití, vino a demostrar que con paños tibios de las “Naciones Unidas” el enfermo pueblo haitiano nunca se iba a recuperar. Vino a demostrar el terremoto del lunes que el enfermo amerita ser tratado hasta que se recupere en la sala de cuidados intensivos, la cual se le ha negado porque no tiene con qué pagarla. Ahora en los confines del mundo se sabe que al paciente hay que dejarlo interno, pues morirá si luego de atenderlo ahora en la sala de emergencias lo despachan a su suerte.
Ahí está parte del bien que trae el mal del sismo ocurrido. Si las potencias no se avocan a la reconstrucción de Haití, su maldad y doble moral tendrá otro punto más desde donde será evidente.
Otro bien conexo a esa tragedia es que la espontánea e inmediata reacción del pueblo dominicano para auxiliar a los hermanos vecinos es algo que sepultó, esperemos que para siempre, las maledicencias de quienes sostienen una aviesa campaña para vender la especie a una buena parte del mundo desinformado de que los dominicanos menospreciamos a los haitianos.
Es obvio que los dominicanos no olvidamos el mal recuerdo de que ancestros de los haitianos de hoy ejercieron dominio férreo sobre nuestros ancestros durante 22 largos años. Pero no olvidar no debe confundirse con menospreciar u odiar.
¿Los negros de todo el mundo echaron al olvido que los blancos los esclavizaron? No, es seguro que lo recuerdan, algunos con recelo, pero no por ello dejan de compartir la sociedad como lo impone estos tiempos.
“No hay mal que por bien no venga”. En Haití veremos, una vez más, que esa certeza se cumple por la voluntad de Dios.
Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones.

martes, 5 de enero de 2010

¿“El valor de la vida” hará reflexionar a Leonel? ¡Ojalá!



NEW YORK. Leyendo el artículo “El valor de la vida”, escrito por Rafael Núñez y publicado por Diario Libre, en cuya redacción recibí el agrado de conocer a mi tocayo y colega, vinieron en fila india varios pensamientos sobre lo paradójica que es, precisamente, la vida; sobre la esperanza que nunca se debe perder y sobre lo importante que puede llegar a ser para el pueblo dominicano Rafaelito, si Leonel cambia de amo.
Lo de la paradoja es porque a un hombre como Núñez -quien tiene totalmente claro que lo más importante que todo ser humano tiene es “la vida” y que nadie ha podido jamás llevarse nada de lo atesorado en su tránsito terrenal- le ha tocado ganarse el sustento de los suyos como secretario de prensa de la Presidencia bajo el mando de un hombre esclavo del dinero, como lo es el Presidente Leonel Fernández.
Lo de la esperanza es porque teniendo Leonel a su lado a un hombre con los sentimientos y valores de Rafaelito existe la posibilidad, aunque sea remota, de que éste en algún momento influya en el ánimo del mandatario para que reflexione, para que recuerde que él (Leonel), como humano que es, no va a durar para siempre y que correrá la misma suerte que Tutankamón, quien murió y de nada les sirvieron sus tesoros (vistos por Núñez y Leonel en Egipto) para evitarle el viaje a la eternidad.
Digo que es remota la posibilidad porque Leonel está permanentemente bajo el látigo de cientos de “colaboradores” que lo azotan para que el Presidente les busque lo suyo, que no es poca cosa, pero a él ésto le complace. No obstante, roguemos para que el momento de Rafaelito haya llegado con el artículo que acabo de leer este 5 de enero de 2010, y que mediante el mismo Núñez sea reconocido por el pueblo dominicano, lo más pronto posible, como la persona que hizo recapacitar a Leonel.
Estoy claro en que a Leonel hay que empujarlo (propuse hace unos días que lo hiciéramos mostrándole La Biblia) para que deje de servir al dinero y le sirva a Dios, beneficiando con sus ejecutorias al pueblo que gobierna a su antojo.
Así lo expreso, porque soy un convencido de que en República Dominicana no se mueve una paja sin la anuencia de Leonel y de que están dadas todas las condiciones para que mantenga en sus manos los hilos del poder más allá de 2012.
Aquello de que “mientras él respire, que nadie aspire” que vociferaban con orgullo los reformistas y que Joaquín Balaguer no pudo cumplir, fácil puede cumplirlo Leonel, quien superó al fallecido caudillo en un combate virtual sobre el manejo perverso del estado. Ojalá que Leonel descarte esa posibilidad, a contrapelo de la voluntad de su amo actual y de la presión de sus azotadores.
Balaguer se fue para el más allá sin llevarse nada, sin hacer el gobierno que “soñó de niño”, aunque tuvo varias oportunidades, y, en cambio, dejó como legado la perversidad de la corrupción. Leonel está en la silla y lleno de un poder que puesto al servicio de Dios libraría en un santiamén al país del narcotráfico, el lavado de dinero, la violencia, la corrupción, el hambre, la insalubridad, el analfabetismo, los abusos. Ojalá que el legado de Leonel sea el establecimiento de una nación en los 48 mil kilómetros que el Poder Divino puso como paraíso en medio del mar Caribe y el océano Atlántico.
Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones.