lunes, 28 de enero de 2013

Miguel tenía que esperar a Hipólito



NEW YORK. No puedo decir con exactitud qué es, pero es obvio que se necesita algo más que el dinero y el poder para enfrentar situaciones decisivas honrando las palabras empeñadas y las promesas hechas. Esta es una de las lecciones valiosas que dejó la convocatoria hecha por Miguel Vargas Maldonado al Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de su Partido Revolucionario Dominicano. 
El fallido encuentro nos legó asuntos positivos y esperanzadores, pero hablaremos de eso más adelante. Examinemos eso de que no todo se logra con dinero y poder.
Miguel Vargas Maldonado lo tenía todo preparado a su favor,
por lo que tenía la obligación, o por lo menos el deber, de esperar a Hipólito Mejía a las 10:00 de la mañana de este domingo 27 de enero de 2013 para proceder personalmente a devolverlo de las puertas del local del PRD cuando éste se presentara. Con una acción así, Miguel hubiese fulminado para siempre a su rival.
Se imagina Usted lo que hubiese sido ver a Miguel entregándole o por lo menos blandiendo frente a Hipólito los papeles probatorios de su expulsión de su franquicia política, decretada por el flamante presidente del tribunal disciplinario del PRD, Fiquito Vásquez, algo que luego fue avalado por el tenebroso TSE, una de las llamadas altas cortes del país, esos nichos donde fueron colocados unos cuantos roedores políticos con títulos de abogados para que mordisqueen la parte del pastel del estado que les corresponde por legalizar lo ilegítimo. Pero Miguel no esperó a Hipólito; en las transmisiones en vivo sobre las incidencias de la fallida reunión del CEN se anunció que se había proyectado por la puerta del patio de su local hacia un lugar desconocido.
Miguel Vargas tenía en su favor el apoyo de su gobierno. El presidente Danilo Medina desde la noche anterior le había facilitado decenas de policías para que él controlara su local. Pero Miguel no esperó a Hipólito, aunque sabía que los uniformados lo resguardarían. Y en lugar de parapetarse en la puerta, junto al poderoso Julio Maríñez, presidente de la comisión de control del PRD, al no menos poderoso Fiquito y al también poderoso fiscal nacional perredeista Geovanny Tejada, Miguel decidió no cumplir con la palabra empeñada. Simplemente se desapareció como por encanto.
La ausencia de Miguel, de Maríñez, de Fiquito, de Tejada y demás jefes grandes de ese equipo, a la hora de la hora, dio lugar a que sólo se cumpliera el vaticinio de que se armaría un rebú en el lugar. Nada de lo preparado con dinero y poder se dio. Y no sólo no se dio sino que Miguel se perdió por horas sin dar señales de su existencia, a pesar de que los medios que transmitían el reperpero que tuvo saldo de varios heridos  clamaban para que, por lo menos, se dejara escuchar. Apareció mucho después, en rueda de prensa, obviamente ya recuperado de los jadeos que pudieron provocar en él los acontecimientos. Aclaro que si jadeó, poco o mucho, no soy quien para culparlo, porque yo frente a la televisión hiperventilé por momentos escuchando los tiros, pensando en un posible saldo de varias personas muertas. Gracias a Dios, no ocurrió.
Entre los asuntos positivos y esperanzadores que se pueden extraer de los negativos sucesos entre los perredeístas, y que quedan como renovadas enseñanzas a extrapolarse para el enfrentamiento que tiene pendiente el pueblo, están: 1) Dinero y poder no constituyen garantía cuando las bases se mueven, porque quienes estaban impedidos de entrar al local recibieron tiros y bombas lacrimógenas, pero consiguieron su objetivo. 2) Las acciones pueden que hayan desencadenado la necesaria desaparición del PRD. Esto sería muy bueno, además de necesario por ser este el partido que más ha contribuido a que el pueblo dominicano haya sufrido por más de 50 años con la caricatura de democracia que lo mantiene postrado y que sólo ha servido para enriquecer a una mafia política que controla desde las industrias hasta el narcotráfico existente en la República Dominicana. El PRD de revolucionario no tiene un ápice. Por el contrario, en la oposición ha sido el tapón para contener el desbordamiento que desea y necesita el pueblo para arrasar con la corrupción. Y como gobierno siempre ha enarbolado el borrón y cuenta nueva.
3) Si desaparece el PRD -el partido que consiguió cinco décadas atrás su arraigo en el país de la manera más espontánea, pues su militancia se afilió al mismo casi con la vocación de un fanático leal a un equipo del béisbol- ya nadie va a dudar de que también desaparecerán los partidos de la Liberación Dominicana y Reformista cuando el pueblo decida movilizarse con determinación para librarse de la carga que le han atado, mediante el uso de un recurso tan amañado como son las elecciones en nuestro país, las cuales han dado lugar a un período más prolongado de abusos y de mayores robos de los bienes del estado que el sufrido en la dictadura de Trujillo. Para avalar esto sólo hay que pensar en la deuda externa, y ya eterna, que aumenta cada día.
Roguemos, lo invito, por la desaparición del PRD, porque el efecto dominó no tardará en manifestarse. Es seguro que cuando el pueblo se menee los actuales gobernantes, así como lo hicieron Miguel y su equipo, aplicarán automáticamente la máxima que dice: “para que digan que aquí cayó, que digan que aquí corrió”. Si el dinero y el poder no pudieron contra un par de centenares de perredeistas que reclamaron su local secuestrado, no hay que ser adivino para saber lo que ocurrirá cuando la mayoría del pueblo decida recuperar lo que le pertenece.
Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones, y se apiade de la República Dominicana.

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